sábado, 23 de junio de 2012


El reloj marcaba las 11 y 10, esta noche era la tercera en la que no podía dormir o al menos el no permitiría que eso pasara; a diferencia de ocasiones anteriores esta vez no dormía por decisión propia, tenía miedo. Irónicamente lo que alguna vez ansiaba hacer, hoy era su mayor pánico, temía a lo que pudiera llegar a sentir, odiaba esa sensación de despertar una y otro vez sin llegar a hacerlo, solo para encontrarse en una pesadilla peor que la anterior, sentía que en algún momento cedería a lo que su cuerpo le pedía.

Se apuró una taza de café más, perdió la cuenta de cuantas llevaba, ese numero ya no era relevante para él; se acercó a la ventana, era una hermosa noche, veía que en las casas del pueblo eran pocas las luces encendidas, pensar en como los demás dormían solo lo mortificaba más. Miró la sala, la distribución de los muebles no había cambiado durante muchos años, quería conservarla igual, a ella le habría gustado que así fuera, por esa misma razón, la luz era tan poca en esta habitación, vinieron a su memoria  las noches que pasaba con su hermana, sentados en el tapete, escuchando las historias que ella tenía por contar, a pesar de los ruegos de su madre, los chiquillos disfrutaban escuchar a la anciana, así no durmieran bien el resto de la  noche, debe ser esta experiencia la que hizo que amarán las películas de terror; disfrutaban cada historia, añoraban sentirse asustados,  lo que mas causaba temor en los pequeños, era la promesa con la que terminaba cada sesión; No! esa no podía ser la explicacion, al fin y al cabo, solo era un terror infantil que superó con los años, cuando las preocupaciones mundanas empezaron a hacer parte de sus vidas, pero... y si fuera cierto, si realmente eso hubiera sido lo que motivó el trágico final de su hermana.

Según le contó su madre, la última vez que la vio se notaba muy cansada, al parecer no había dormido en días, se veía temerosa y ansiosa, a pesar de la insistencia de su madre por acompañarla esa noche, ella la echó casi que a patadas de su casa, al final su madre pensó que estaría bien, pues siempre fue una mujer solitaria, salvo su hermano, no le conocían ningún amigo; es probable que la decisión de dejarla, a la larga, haya sido la mejor, pues de estar con ella la habría detenido en su intento por parar ese suplicio.

El reloj dío las 12, esas 12 campanadas resonaban en toda la casa, por primera vez le molestó todo el espacio que tenía a su disposición, de pronto un jarrón cayó del armario que había a un lado de la sala, el estruendo que este hizo lo alteró demasiado, el sobresalto aumentó cuando no logró distinguir una causa aparente para la caída del jarrón, se quedó petrificado mirando hacia el sitio donde solía estar este, sus manos le sudaban, todos los músculos de su cuerpo estaban tensos, a tal punto que sintió que su dentadura se iba a romper, luego de un instante que para el fue una eternidad, su gato apareció sobre el armario, sintió alivio pero a la vez una cólera que recorría todo su ser, sintió que solo se calmaría si veía el gato muerto,  se abalanzó sobre él, el animal al ver las intenciones asesinas de su amo saltó de allí pasandole sobre la cabeza, lo cual hizo que su rabia y deseos de matar aumentaran, trató de seguirlo pero tropezó con uno de los muebles y cayó, maldijo al gato cientos de veces y juró que si lo atrapaba lo asesinaría. En ese instante, exhausto de aquella corta caceria, decidió sentarse, sus ojos le pesaban, al fin había cedido, ese momento fue muy placentero, al fin su cuerpo obtenía el descanso añorado.

Abrió los ojos y pudo distinguir la silueta frente a el, después de mucho tiempo podía verla, no quería destruir la ilusión,  no quería que ese momento terminara, al fin y al cabo ella siempre había sido su complice, su compañera de travesuras, quería tenerla cerca, quería abrazarla de nuevo, quería decirle tantas cosas, de sus labios solo salio un “acercate” o al menos el creyó haberlo dicho, ella se acercó lentamente, con cada paso el corazón del hombre latía mas rápido, cuando al fin la pudo ver, un escalofrío recorrió todo su cuerpo y soltó un alarido, esta no era su hermana, del rostro que alguna vez admiró sólo quedaban desechos estaba tan descompuesta que lo único que solo distinguió con certeza fueron sus ojos, esos ojos que lo miraban con una expresión lastimera, compadeciendolo por algo, se acercaba mas y mas, estiró su mano para tocarlo, el cerró los ojos y grito de nuevo, despertó sudando frío y sentado justo al frente del reloj, el reloj marcaba las 2 y 30; apenas en ese momento se percató de que ese día se cumplía un aniversario mas de la muerte de la anciana.

Estaba cansado de todo, esas últimas tres noches habían destrozado sus nervios, con el pasar del tiempo la sensacion de ansiedad y desespero aumentaban. Decidió salir de la sala e ir a las habitaciones, no encendió la luz del pasillo pues conocía de memoria la casa, palpó una a una las puertas hasta llegar a la elegida, la abrió y pudo contemplar la habitación, la luz de la luna entraba por el gran ventanal e iluminaba todo el lugar.

El lecho permanecía intacto, justo al frente de este observó el peinador, donde ella pasaba tantas horas alisando su gris cabellera, se acercó al ventanal a mirar el patio, aquel donde pasó tantas horas de juego, vio como el gato lo miraba desde afuera, le molestaba esta actitud desafiante, característica de los gatos, pero que en esta ocasión parecía burlarse de el, decidió ir tras el gato, pero frenó de golpe, pues sus ojos no daban  crédito a lo que veía.  Estaba seguro de que no respiraba mas lo corroboró varias veces,incluso se aseguró de que la tumba estuviera bien cerrada que no pudiera salir, pero ahí estaba en frente de él, con esa mirada inquisidora, que era lo único que tenia para él en sus últimos dias, en su corazón el sintió terror pero a la vez alivio, pues sabía que su sufrimiento pasaría y que por fin podía descansar con la certeza de que seguiría así por siempre. De nuevo las campanadas que marcaban las 3 fueron un requiem, lo irónico es que las ultimas palabras que se escucharon fueron precisamente las últimas que pronunció la anciana mientras el la estrangulaba “Recuerda mi promesa” .